miércoles, 13 de junio de 2012

LA FARSA DE AMNISTÍA INTERNACIONAL

“Hay que ser amable con todos los terroristas, porque uno nunca sabe si entre ellos habrá alguno que mañana sea Jefe de Estado”

 Maryse Choisy



Logo de A.I., cuyo alambre de púas dibuja la “Z” de “Zion” o “Sión”
Nota de Todo Está Relacionado: Todo lo aquí expuesto sería exactamente igual si se cambian “comunistas” por “fascistas”, ya que la Hermandad Babilónica-Atlante, creó las dos facciones.

“Hace algún tiempo no pasaba día sin que esta organización supuestamente idealista e inspirada por los más altos valores humanos no apareciera en las noticias. La impresión general es la de un ente o referente independiente y valioso para toda la Humanidad. Estas líneas ayudarán a orientar mejor tales apreciaciones, ya que en algún momento volverá al centro de la noticia.
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Esta sorprendentemente famosa, e inexplicablemente respetada organización fue fundada por Seán MacBride, nacido en París en 1904, hijo de un activista irlandés fusilado y una revoltosa feminista. Estudió en esa ciudad para luego dirigirse a Irlanda uniéndose a los terroristas del IRA. En 1927 se asocia al judío E. DeValera y escribe en el matutino “Irish Press”.
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Funge como periodista bajo nombre falso en Inglaterra y en París. Se convierte en abogado y defiende a los terroristas presos. Ayuda a DeValera a ganar las elecciones y éste lo nombra Ministro de Asuntos Extranjeros de 1948 a 1951. Abandona el IRA. Llega a ser miembro del Consejo de Europa, integra la European Round Table, el Bureau Internacional de la Paz, el Congreso de las Fuerzas Mundiales de la Paz (presidente en 1973), y Premio Nobel de la Paz al mismo tiempo que… Premio LENIN de la Paz!
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Menos conocida es su pertenencia al “Ordo Templis Orientis“, junto al misterioso hijo de una riquísima familia israelita, Trebitsch-Lincoln. Esta secta masónica recogió el pensamiento y ritos de Adam Weishaupt, creador de la secta “Los Iluminados de Baviera. Esto ya nos da la primera pista para poder develar tan intrincado misterio.

 Amnesty International empieza a concebirse en el oscuro mundo subterráneo de las sectas secretas, cuya cantidad y poder simplemente abisman, cuando llegamos a conocerlas. Gran ayuda para eso es el libro “Die Geheim-Gesellschaften und Ihre Macht im 20. Jahrhundert” (Las Sociedades Secretas y Su Poder en el Siglo XX), Ian van Helsing, penosamente editado por Ewertverlag, 1993, prohibido en Alemania y no traducido aún. Figura familiar para unos pocos es el general Haushofer, con quien Sean McBride participó en la Unión Paneuropea, antigua propagadora de un Gobierno Mundial. También a través de su amigo israelita Joseph Ratinger, cofundador con David Rockefeller del CFR (‘Consejo de Relaciones Exteriores’), estaba conectado con el ‘Coronel’ Mandell House, de los ‘Masters of Wisdom’; ambos crearon el ‘Centro de Cultura Europea’, ‘La Liga Europea de Cooperación Económica’ y el ‘Movimiento Europeo’.
McBride trabaja también para la UNESCO en diversas comisiones y comités, destacando la ‘Comisión Internacional de Juristas’ (JIC), la que le sirvió de puntal para su hija predilecta: Amnesty International, heredera de otro engendro favorito suyo, la ‘Convención de los Derechos del Hombre’.

Originalmente se la llamó “Llamado en Favor de la Amnistía”, y para su lanzamiento se inició una campaña propagandística internacional con un gran golpe. Esto fue una publicación a doble página en ‘Le Monde’ y ‘L’Observer’, algo absolutamente imposible de conseguir, pero en este caso el apoyo incondicional de todo tipo prestado por David Astor, propietario de L’Observer, no sólo lo hizo posible sino que además permitió elegir el día de la publicación: exactamente el día de la Santísima Trinidad, 28 de Mayo de 1961, trastocando el significado religioso de esa festividad católica.

Por coincidencia David Astor era miembro del Comité Directivo del ‘Royal Institute of International Affairs’ (RIIA’), de la ‘Pilgrims Society’, de la ‘Round Table’ y del ya tristemente conocido ‘Grupo Bilderberger’, en cuya fundación también tomó parte Joseph Ratinger.

La JIC, beneficiaria del estatuto consultivo de la ECOSOC, la UNESCO y del Consejo de Europa, asegura que su rol es “promover la primacía del Derecho y la protección jurídica de los Derechos del Hombre en todas partes del mundo. Envía observadores internacionales para seguir los grandes procesos políticos a fin de poder intervenir ante los gobiernos y de informar a la opinión pública cuando la primacía del derecho no ha sido respetada”. Se hace la salvedad que los países del Este negaron sistemáticamente a los juristas del JIC el derecho a asistir a los juicios o a investigar las violaciones de los derechos del hombre. En consecuencia no mantiene archivos de ningún país de la órbita soviética y le sobran de aquellos países en que regímenes fuertes, que para defender a sus pueblos proscriben al partido comunista, son caricaturizados como ‘dictaduras’. Entre sus altos funcionarios encontramos representantes de todas las sectas y sociedades secretas mencionadas, más la ‘Fabian Society’, el ‘Grupo Pugwash’, la ‘Comisión Trilateral’ y otras.

El gran golpe en Le Monde y L’Observer tuvo ecos en el New York Times, el Washington Post, el Asahi Shinbum de Japón, Die Welt en la RFA. Nada de raro ya que todos estos medios escritos están ligados directamente al CFR, a los Bilderberger y a la Trilateral, igual que muchísimos más.

Dos meses después se reúnen 12 personas en un café de Luxemburgo para dar a luz a Amnesty International. Las campañas se sucedieron sin tregua hasta 1966, cuando estalla el escándalo de Adén, Arabia. Allá se torturaba, y era Inglaterra con sus servicios secretos la culpable. David Astor tomó la decisión: se cortaría por lo sano. Así que contrató a un ex-agente secreto británico, Peter Calvocoressi, quien con sus contactos podría investigar ‘exitosamente’ semejante denuncia. Así fue y el informe habló de ‘algunas negligencias’ y que no había pruebas de que alguno de aquellos miembros de Amnesty International hubiesen trabajado para agencias secretas.

Pero el análisis final nos dice que Amnesty International cuenta con el respaldo de antiguos agentes secretos, como Astor y Calvocoressi, que aun retirado tienen acceso a toda la información que Sean McBride desee. 

Añadamos que Calvocoressi es el mandante de Penguin Books y director de otras editoras, pero lo más importante es que fue miembro del Tribunal de Nuremberg, y lo es del RIIA, del IISS y del ‘Institute of Race Relations’.

A estas alturas ya debiera llamar la atención la profusión de coincidencias alrededor de Amnesty International, con la repetición de misteriosas sociedades, sobre todo cuando uno está informado sobre quienes fundaron tales sectas y su verdadera finalidad.

En 1965 Sean McBride viajó a Washington invitado por Averill Harriman, hombre de mucho peso en las relaciones exteriores de EEUU, enviado especial de Roosevelt ante Londres durante la guerra, y luego ante Moscú, también gran amigo de Trotzky. Mas no podía fallar, era miembro del CFR, de la Pilgrims Society junto a los Rockefeller, los patrones del CFR. ¿A qué viajó a Washington? Él mismo lo revela: “La administración demócrata conocía mis buenas relaciones con los jefes de Norvietnam y deseaba que expusiera mis puntos de vista a autoridades políticas de alto nivel”. Se reúne entonces con Dean Rusk, Mac George Bundy y Robert MacNamara. Los tres eran miembros más o menos de las mismas sociedades, pero con ribetes izquierdistas bastante acentuados; p. ej.: Bundy colaboraba estrechamente con el yerno de Alexei Kosigyn. Sean McBride propuso a Philip Noel-Baker y Jean Sainteny como intermediarios para negociar con Hanoi; de estos Ho Chi Minh prefería abiertamente a Sainteny, por lo que fue elegido y apuntaló a Henry Kissinger, otro que bien baila, en las negociaciones del ‘68 al ‘73 y que culminaron en los ‘acuerdos de París’. Lo que pocos saben es que tras los viajes de Kissinger y las conexiones de Sainteny estaban los hilos de la Pugwash en las personas de Herbert Marcovich y Raymond Aubrac, así como de un alto personaje de la judería yanqui, Milton Katz, el que entre otras pertenecía a la ‘Fundación de Paz Mundial’, a la que por coincidencia pertenecía McBride. Katz introdujo a su hermano Kissinger a este mundo de alta política y posteriormente a Jimmy Carter. Adicional y reveladoramente el Centro de Documentación del Gran Oriente de Francia confirma los estrechos vínculos entre Amnesty International y la Masonería, especialmente el papel que jugó esta última en la campaña para la paz en Vietnam. Una paz digna de un profundo análisis.
El paso siguiente en 1972 fue nueva campaña ahora contra la tortura, patrocinada por la UNESCO. Lo impresentable es que la originó la revelación de que la impoluta Gran Bretaña practicaba la tortura a todo vapor en sus colonias.

En 1973 es nombrado Secretario General adjunto de la ONU, presidida por Kurt Waldheim (antes de caer en desgracia), y esto lo obliga a dejar la presidencia de Amnesty International. Su salida no detiene el avance de la siniestra organización -siniestra en más de un sentido-, la que luego de presentar el proyecto de Declaración sobre la Raza y los Prejuicios Raciales, marzo ‘73, impulsa reuniones de expertos en la UNESCO para debatir los supuestos Derechos del Hombre y en junio de 1978 el establecimiento de un ‘nuevo orden económico internacional’. Tal cual.

Lo anecdótico de esto es que Amnesty International posa de apolítica, imparcial, justa, insobornable, exigente y rigurosa. Entonces pedir, o más bien exigir, un nuevo orden mundial no sería un acto político. En declaración a ‘Le Monde’, 12.X.77, su presidente tuvo el desparpajo de quejarse ‘que era criticada por un número creciente de países del Este como del Oeste’. Exactamente calificada como guarida de comunistas para los libres de América Latina y bastión del capitalismo para los rojos bolcheviques. Al final de este escrito saque sus propias conclusiones.

En 1974 Sean McBride recibe el premio Nobel y en su discurso no tiene empacho en decir con gran frescura: “Es en efecto la opinión pública estadounidense y mundial lo que forzó a Washington a retirarse de Vietnam” ¡¡!! Pero ya no le bastó con los prisioneros políticos, así que se lanzó contra la pena de muerte, labor en la que lo secundó el canciller ‘austríaco’ Kreisky, financiero de Pugwash y de la IIASA, organizaciones definidas como ‘mundial-progresistas’, y bien sabemos lo que el término ‘progresista’ realmente implica.
 

Amnesty International cuenta con una Guía, reservada exclusivamente para uso de sus miembros, en la que se lee “nadie es aceptado como prisionero de opinión si se considera que ha incurrido o incitado a actos violencia o si ha participado en espionaje. Este criterio permite establecer una distinción entre los prisioneros de opinión y los otros prisioneros y permite evitar que Amnesty International pueda ser acusada de aportar su sostén al terrorismo”, pág. 11 de la edición de 1978.

La poco comprensiva realidad sin embargo se niega obstinadamente a compadecerse con tan nobles principios. En efecto vemos como se desvive por enviar observadores y defender a brazo partido a desalmados terroristas de izquierda como los de la ‘Rote Armee Fraktion’, conocida como Ejército Rojo. Y brilla por su ausencia en casos de combatientes de derecha capturados por el sistema. Este es sólo un ejemplo de muchos, en que han defendido a prisioneros que han hecho uso de una violencia inusitada e irracional. Sobra decir que el terrorismo es condenable venga de donde venga, pero no puede estar bien defender a unos e ignorar a otros, cuando se rasgan vestiduras y se llora imparcialidad y objetividad a ultranza.

Más ilustrativo es el caso del abogado Klaus Croissant, que defendió a los terroristas asesinos del grupo Baader-Meinhof. Comprobada su abierta complicidad y su servicio de enlace entre los detenidos y los delincuentes aún sueltos, fue a su vez detenido en Francia y se esperaba su extradición a Alemania, existiendo ya un decreto de expulsión. Amnesty International enrostra desafiante al gobierno francés y exige la liberación del ilegal. Y se apoya en una carta abierta firmada entre otras buenas personas por Régis Debray, Jean Elienstein, Simone de Beauvoir, Vladimir Jankelevitch, Jean Paul Sartre, Ives Boisset, Françoise Sagan, Georg Kiejman, Laurent Schwarz, Fred Zeller (antiguo Gran Maestre), Claude Boundet, François Chatelet, Maurice Clavel, Jacques Debou- Bridel, Gilles Deleuze, Pierre Jove, Françoise Mallet-Joris, Antoine Sanguinetti, Haroun Tazieff, también Pierre Bloch y el abogado Badinter, ambos de la LICRA (Liga Internacional Contra el Racismo y el Antisemitismo). A estas “grandes personalidades”, las que si no pueden ser catalogadas de izquierdistas es porque se sitúan en la extrema izquierda, se unió otro distinguido firmante, Serge Klarsfeld, el triste pero rentablemente famoso ‘cazador de Nazis’ que continúa su negocio después que se probó la ilegalidad del Juicio de Nuremberg y la falsedad del Holocausto.

Pero el caso que despojó definitivamente de su careta a Amnesty International fue el caso de ‘Los Diez de Wilmington’, nueve negros y una mujerzuela no negra, condenados a un total de 282 años de presidio por asalto e incendio de una tienda durante los disturbios raciales de 1971 en esa ciudad. La imparcial organización, preocupada de no ser inculpada de amparar el terrorismo, adoptó a los diez criminales como ‘prisioneros de opinión’ (?), basándose en el peregrino argumento de que ‘era bien conocido su pasado de militantes antirracistas’. Finalmente llegamos a la madre del cordero. No se trata de izquierdas ni derechas, opinión o justicia, derechos humanos o procesos justos. No, nada de eso. Se trata de Razas. De racismo y antirracismo, pero definidos omnímodamente por los creadores de Amnesty International y de todas las sectas secretas tras ella.

En pocas palabras, se puede cometer cualquier crimen, incluso el más despiadado terrorismo, y se tendrá total impunidad a condición de tener un pasado de conocida militancia antirracista. ¡Listo!

Añadamos que en declaración a Le Monde, 10.XII.77, se ufana de ‘atraer la atención sobre el escándalo de mantener en prisión por sospecha de comunismo’. Nadie ha visto que haya atraído jamás la menor atención hacia ciudadanos decentes encarcelados por sospecha de anticomunismo.

No es de extrañar que cuando el 10.X.71 Amnesty International recibía el Premio Nobel de la Paz, el Ministro de Educación uruguayo comentara el hecho a Le Monde como “un chiste de mal gusto”.

¿Qué es entonces realmente Amnesty International? Su sede de Londres anida al órgano más importante, el Secretariado General, cuya función primordial es la de recoger y analizar todas las informaciones sobre violaciones a los DD.HH provenientes del mundo entero. Desde aquí el Departamento de Investigación reparte sus directivas, comunicados y definiciones a todas la secciones nacionales en los diversos países, las cuales se limitan sólo a traducirlas y difundirlas sin ingerencia alguna.
 
Este Departamento de Investigación está dirigido por Derek Roebuck, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Tasmania y jefe del Partido Comunista australiano. Cuenta con un larguísimo historial de actuaciones en organizaciones de izquierda y extrema izquierda. Tanto así que su nominación fue objetada por un senador de Tasmania y miembro de la misma organización, Brian Harradine, el que en su ingenuidad y desconocimiento del trasfondo de su querida institución, llegó a cuestionar la idoneidad de tan conspicuo director y recordó que aquel gustaba de ser definido como ‘propagandista político’ más que de catedrático o académico, por lo que el producto de sus indagaciones mal podría considerarse como objetivo o imparcial. Harradine debería recordar que si el fundador de Amnesty, Sean McBride, recibió el Premio Lenin a la Paz, como todos los demás, fue por servicios prestados a la Unión Soviética.

Siguen las cosas inexplicables. La forma de operar de A.I. en sus llamadas investigaciones está definida en las páginas 15 y 16 de su Guía: “El secretariado internacional, cuando reparte los expedientes, toma gran cuidado en que sus diferencias (opiniones políticas, pertenencia ideológica), sean suficientemente marcadas para prevenir toda sospecha de imparcialidad (¡sic!) política contra el grupo de adopción o contra el movimiento en su totalidad, a fin también de asegurar un internacionalismo riguroso en el trabajo realizado para la salvaguardia de los derechos del hombre. Los grupos de A.I. no deben jamás confiar casos individuales de prisioneros de opinión en su propio país”.

Suponemos que donde dice ‘imparcialidad’ debe decir ‘parcialidad’, porque de ser correcta, esa palabra sería un impensable caso de honestidad de parte de Amnesty International, digno de Ripley. A tal extremo llega este gran cuidado que miembros de Amnesty que visiten un país en el que se ventile algún caso de derechos humanoides, tienen prohibido acercarse a las supuestas víctimas, a sus casas y a sus familiares. Sólo pueden hacerlo los funcionarios designados para ese caso específico. ¿Qué razón dan para algo tan extraño? La página 52 de la Guía lo aclara: “Una visita inesperada por parte de un extranjero puede tener consecuencias peligrosas”. Y eso es todo. Ni define las consecuencias ni dice porqué serían peligrosas. Queda en el aire, pero sus redactores lo tienen muy claro.

¿Será que el investigador independiente Hugues Kéraly provocó sin querer una de estas ‘consecuencias peligrosas’ al escribir su libro ‘Encuesta Sobre Un Organismo Más Allá De Toda Sospecha: Amnesty International’? Muy reveladora es la siguiente entrevista publicada en ‘Rivarol’, 4.XII.80, que comenta un capítulo de ese libro, el que curiosamente ha sido rechazado por 20 editores “independientes”:

“Yendo a Chile, he llevado un expediente de Amnesty International para hacerme una idea del grado de veracidad de las informaciones difundidas por esta oficina. En esa época Chile era precisamente una de las dianas privilegiadas de Amnesty. El expediente que llevaba trataba el caso de once desgraciados (sic), once prisioneros de opinión, hombres y mujeres que habían ‘desaparecido’ porque habían cometido el crimen -según Amnesty de no pensar como el señor Pinochet. He vuelto con el expediente de once auténticos terroristas, miembros de la organización revolucionaria MIR (las brigadas rojas chilenas), colocadores de bombas. Nueve de ellos estaban todavía con vida, dos habían muerto después de un enfrentamiento con la policía -como ocurre también, desgraciadamente, en un país ‘democrático’ como Italia, por ejemplo. He encontrado, pues, a esos nueve terroristas en la cárcel y tengo que precisar de paso, que fueron todos liberados cuatro meses más tarde”.

Si el resto del libro sobre esta institución más allá de toda sospecha es del mismo tenor, es fácil comprender la negativa de tantos editores que seguramente desean poder seguir con su negocio. También debe tratar la gran facilidad que tiene Amnesty International para obtener información sobre casos generados en los países de la órbita occidental, y la casi absoluta ausencia de miles y miles de casos reales perpetrados en la órbita soviética, incluidas China y la Cuba castrista, así como todos los abusos, torturas y asesinatos cometidos durante la dictadura marxista en Chile.

Digna de notar también es la estrecha colaboración que la une a la Liga de los Derechos del Hombre, que por boca de su presidente Henri Nogueres tuvo la honestidad de declararse ‘plenamente solidaria con la izquierda unificada’. Muy reveladoras resultan además las publicaciones de esta singular Liga. Por un lado “Aprés-Demain”, dirigida por Françoise Seligman, reconocida socialista marxista, y “Hommes et Libertés”, donde Henri Nogueres es director, Michel Levine redactor en jefe y Pierre Blum secretario de redacción. Apellidos muy franceses todos.

El destacado politólogo Henri Coston en su ‘Dictionnaire de la Politique Française’ no se anda con rodeos:
“… la Liga de los Derechos del Hombre es, primero y ante todo, una liga de los derechos del hombre marxista. Sus simpatías para el partido comunista son bien conocidas. La Liga ha muchas veces protestado por la prohibición de manifestaciones comunistas. Ha pedido el reintegro de funcionarios comunistas revocados por la UNESCO. Se ha indignado por la negativa a presentaciones del Ballet de Moscú y el de Leningrado, y ha elevado su protesta contra la negativa a candidaturas comunistas a la Escuela Nacional de Administración y a la Post, Telegraph and Telephone. Principalmente ha hecho campañas contra el procesamiento de Guingouin, acusado de asesinatos durante la guerra y en la llamada Liberación, asegurando que era ‘un resistente ejemplar’, a pesar de que el diputado socialista Le Bail les desmintió en el periódico ‘Le Populaire du Centre’.”

Sobre el caso existe información fidedigna de que el tal Guingouin es responsable de 50 fosas de matanzas en los Departamentos cercanos a Limoges, cuyos emplazamientos eran conocidos por el inspector de los ‘Renseignements Generaux’ de la época, quien fue oportuna y convenientemente condenado a muerte.

Además el buen compañero Guingouin se hizo famoso por haber robado un vagón entero con oro del Banco Nacional de Francia. Por último, como cabecilla de la ‘Banda Guingouin’, tiene a su haber una serie de robos, matanzas, etc., por dilucidar aún.

Otra joya de consecuencia es su protección y fuertes presiones a favor de los comunistas españoles que habían reconstituido el partido comunista español, simultáneas con sus exaltadas protestas contra ‘la escandalosa entrada de la España franquista, anticomunista, en la ONU’. Peor aún, participa en la campaña desencadenada por las organizaciones comunistas mundiales a favor de los esposos Julius y Ethel Rosenberg, ‘estadounidenses’ ambos, condenados a muerte por los tribunales yanquis como culpables de entregar secretos atómicos de su país a la Rusia bolchevique.

Amnesty International colabora también estrechamente con la ‘Secours Populaire Française’, SPF, la que se fundó para ‘ir en ayuda de los militantes comunistas que se encuentren en una posición difícil, en razón de su actividad y de las persecuciones judiciales que puedan ser objeto’. ¿Quiénes conforman esta SPF? 

Empecemos por el comunista Fréderic Joliot-Curie, miembro de ‘Pugwash’, Paul Langevin, del Gran Oriente de Francia y ex presidente de la Liga de los Derechos del Hombre, Lucie Aubrac, mujer de Raymond Samuel (cambió su apellido a Aubrac… y cercano a Henry Kissinger, el CFR, Bilderberger, Trilateral y Pugwash), Jacques Mitterrand, hermano de François, Gran Maestre del Gran Oriente, comunista y ex ministro; Sicard de Plazoules, ex presidente de la Liga de Derechos del Hombre; Pierre Paraf, ex presidente del MRAP (organización judeocomunista). Finalmente su secretario general es Lucien Laupretre, miembro del comité central del partido comunista francés. Amnesty también mantiene estrecha relación con la CIMADE, grupo protestante izquierdista, cercano al quintacolumnista ‘Cristianos por el Socialismo’, cuyo secretario general Roby Bois trabajaba con el judío Jacques Chonchol, ominoso destructor de la agricultura Chilena como cómplice del judío marxista y masón Salvador Allende Gossens, aunque comenzó su siniestra labor junto al democristiano Eduardo Frei M., ya antes de la dictadura marxista, y que debió huir de CHILE el 11 de Septiembre de 1973, día de la Liberación Nacional.

Otra organización ligada a Amnesty International es la ‘Secours Rouge’ o Seguro Rojo, cuyo nombre no deja lugar a dudas y que ostenta entre sus personalidades a individuos de la misma extracción que todas las anteriores. Otra más es la ‘Asociación Internacional de Juristas Democráticos’, heredera de la ‘Internacional de Juristas Rojos’, y ligada a su vez con la ‘Society for Cultural Relations with the Soviet Union’, en la que fungían mundialistas connotados como Bertrand Russell, Bernard Shaw, H.G. Wells y Sidney Web, de paso todos miembros de la Fabian Society. Así, la maraña sigue creciendo.

La lista es larga por lo que nos detendremos aquí, pero no podemos pasar por alto al ‘Consejo Ecuménico de Iglesias’ (COE), fundado en 1948 en Amsterdam, entre otros por los comunistas T.C. Chao, chino, y Joseph Hroamdka, checo, siendo su secretario general monseñor Philip Potter quien declaró una vez: ‘He aprendido mucho del análisis marxista de la sociedad’. No sin razón se le apoda el Papa Rojo. Mejor lo hizo su predecesor, el Dr. Eugene Carson Blaker quien llegó a decir ‘El pensamiento marxista ha venido a ser muy importante para las Iglesias. El estudio del marxismo es para ellas una necesidad’ (!).

Y bajo la dirección de Carson Blaker el COE apoyó moral y sobre todo financieramente a los desertores yanquis, a los antirracistas ingleses de extrema izquierda, a los grupos terroristas que sabotearon los trabajos en la represa Cabora-Bassa, más una donación de 10.000 libros para ‘la educación política’ de los aborígenes australianos. Sin embargo rechaza sistemáticamente toda ayuda a los millones de perseguidos, torturados y asesinados en la URSS, incluido un grupo luterano de Letonia con 80.000 miembros, a quienes deliberadamente abandonó al oso soviético.

La lista de organizaciones eclesiales de toda índole, incluso musulmanas, es también muy larga. De todas destacaremos solamente a ‘Francia Tierra de Asilo’, preocupada lógicamente de fortalecer la ola invasiva de indeseables a todos los países europeos desarrollados. Estuvo dirigida hasta 1981 por el Abate Glasberg, judío ucraniano, sacerdote converso, y fundador del Centro de Orientación Social. En su curriculum resalta su activa participación en la resistencia comunista dedicada a descarrilar los trenes. Es decir, un pío y fiel seguidor de las enseñanzas de Jesucristo.

Siguiendo la maraña aparece el judeoegipcio Henri Curiel junto al Abate Glasberg en ‘Solidaridad’, relacionada con el Instituto IRFED, con al CIMADE, y como no, con la ‘Francia, Tierra de Asilo’. Y en ‘Solidaridad’ aparece la periodista Florence Vermeil, funcionaria además del grupo ‘Bayard-Presse, oficialmente a cargo de los ficheros de Amnesty International. Puro azar.

Y el azar sigue. Las sedes de muchas de estas sectas y grupos están sospechosamente cerca. La federación de Clubes de la UNESCO’ en el 43 de la calle de al Glaciére, en París, al lado de la Biblioteca de las Facultades Dominicanas (ISTINA), al otro lado el Centro Internacional de Investigaciones e intercambios Culturales (CIREC), colaboradores de ‘Francia, Tierra de Asilo’, ‘Solidaridad’ y de Amnesty International, mientras en el Nº 49 se halla el IRFED, fundado por el Padre Lebret ‘precursor del nuevo orden económico internacional‘, según Sudestasie de julio ‘80.

Y director del CIREC es el Padre Barth, vicepresidente en 1973 de la ‘Asociación de Solidaridad con los Trabajadores Inmigrantes’, situada a pasos de la calle Glaciere, y miembro del ’Consejo Mundial del Movimiento por la Paz’ donde conoce a Sean McBride, además de director de la revista ‘Francia, Tierra de Asilo, todos asociados estrechamente al partido comunista. Por si fuera poco el Padre Vincent Cosmao. Consultor en la Comisión Pontificia ‘Justicia y Paz’ es miembro de SODEXPA y director del ‘Centro Lebret Fuerza y Desarrollo’‘ desde 1972, autor del libro ‘Nuevo Orden Mundial: Los Cristianos Provocados por el Desarrollo’, Editions Cahlet, 1978. Su labor es respaldada por la revista ‘Sudestasie’ en la que colabora el mismo Roby Bois de CIMADE, organismo colaborador de Amnesty International. Se empieza a cerrar el círculo.

En el Informe Anual de 1978 de Amnesty International leemos: “Desde hace unos años ya, Amnesty mantiene relaciones de trabajo en los campos de interés mutuo con un cierto número de organizaciones sindicales”. Entre éstas la Confederación Internacional de Sindicatos Libres, la Confederación Mundial del Trabajo y la Federación Sindical Mundial. Esta última es tratada a fondo por Yann Moncomble en su libro ‘La Trilaterale et les Secrets du Mondialisme’, pág. 26, y en el cual se basa gran parte del presente trabajo. El color de estas federaciones es ya conocido por el lector.

En ese mismo Informe, Thomas Hammarberg, presidente del Comité Ejecutivo Internacional, declara: “Debemos hacer prueba de prudencia cuando se trate de cooperar con otras organizaciones y, antes de aceptar ofertas de donativos que recibamos, los examinamos desde muy cerca, según criterios estrictos. Eso es también mantener nuestra independencia y lo hacemos de manera que eso sea muy claro”. Todo esto lo dice en serio. Muy serio.

No cabe duda. Todo es muy claro. Lúcido y transparente, prístino y cristalino. Como son las relaciones entre Amnesty International y la Bilderberger, la Trilateral, la Fabrian Society, la Round Table, la Pilgrims Society, el RIIA, el Pugwash, y tantas otras con el comunismo internacional, y de todos juntos con, o bajo, la Alta Finanza Internacional.

O, tal como escribió el mismo Sean McBride en su libro ‘L’Exigence de la Liberté’, editado por Amnesty International en 1981: “Amnesty debe quedar absolutamente aparte de toda presión política, geográfica e ideológica”. Textual. No es que no sea correcto y muy positivo el planteamiento, es sólo que con todo lo expuesto resulta algo difícil de digerir.

Quizá sea por esa prudencia e independencia que el secretario general de Amnesty International es Martin Ennals, producto de la London School of Economics, definida como la escuela más marxista de toda Inglaterra. Hermano de John Ennals, rotario, masón, presidente del ‘Movimiento AntiApartheid’, director de la ‘UK Inmigrants Advisory’, miembro del ‘Comité Ejecutivo de la World Federation of UN Associations’, entre 1956 y 1966 secretario general del famoso Ruskin College, donde tenía como objetivo inmediato estudiar y enseñar ‘Cómo transformar las instituciones actuales y TOMAR POSESIÓN DEL MUNDO en forma metódica y científica”. Revelador ¿no?.



Como no podía ser de otra forma, mostrando el ojo que todo lo ve, HORUS.

[Pero la atrocidad no se detiene aquí]. Los presupuestos de Amnesty International. Estos se duplican de año en año. Y si uno se preocupa de anotar las sedes, personal y gastos anuales llega a la conclusión matemática e irrefutable que el total es apenas la mitad del presupuesto anual. ¡Qué extraño! Para terminar le recordamos que usted debía sacar sus propias conclusiones.”


Aportes adicionales: TodoEstáRelacionado.wordpress.com



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